El AOVE que rompe reglas
El aceite de oliva virgen extra vive un momento de expansión creativa. La cocina contemporánea —desde la alta gastronomía hasta la coctelería de autor y la cafetería de especialidad— está reinterpretando el AOVE como un ingrediente estructural, capaz de transformar texturas, modular aromas y aportar profundidad sensorial en territorios donde antes no tenía presencia. Este movimiento no es una moda pasajera: responde a una comprensión más precisa del potencial aromático del aceite y a la búsqueda de experiencias gastronómicas más complejas y memorables.
Un diálogo aromático que sorprende y convence
En los últimos años, el café de especialidad ha encontrado en el AOVE un aliado inesperado. Baristas y tostadores han comenzado a experimentar con emulsiones ligeras de aceite en espresso, flat white o cold brew. La clave está en la interacción entre los compuestos volátiles del café y los polifenoles del AOVE, que potencian notas de cacao, frutos secos, especias y fruta madura.
Variedades como Picual, Koroneiki o Cornicabra, con perfiles verdes intensos y un picor bien definido, funcionan especialmente bien en estas combinaciones. El resultado es una bebida más redonda, con una textura sedosa y un final aromático prolongado. En algunos establecimientos, incluso se está explorando el latte oleato con aceites tempranos de alta calidad, buscando un equilibrio entre cremosidad y frescura vegetal.
Cuando el AOVE aporta textura, volumen y carácter
La coctelería de autor ha adoptado el AOVE como herramienta para crear bebidas más complejas. La técnica del fat-washing —infusionar un destilado con una grasa para modificar su textura y perfil aromático— ha encontrado en el AOVE un ingrediente ideal por su estabilidad, su capacidad de aportar volumen y su riqueza aromática.
Un gin infusionado con un AOVE de Arbequina puede adquirir notas almendradas y un tacto más amable; un vodka lavado con Picual gana estructura y un punto vegetal que armoniza con cítricos y hierbas frescas; incluso el mezcal se beneficia de aceites verdes que aportan matices herbáceos sin eclipsar su carácter ahumado.
Además del fat-washing, algunos bartenders están utilizando el AOVE como emulsionante natural en cócteles sin alcohol, creando bebidas con cuerpo y persistencia sin recurrir a aditivos. El resultado son propuestas más gastronómicas, que conectan la coctelería con la cocina contemporánea.
Dulzor equilibrado y frescura aromática
La pastelería moderna ha descubierto que el AOVE no solo sustituye a la mantequilla: aporta una dimensión aromática completamente distinta. En bizcochos, el aceite de cosecha temprana introduce notas verdes que contrastan con el dulzor; en helados, aporta una untuosidad elegante y un final ligeramente picante; en cremas emulsionadas, actúa como un puente entre ingredientes grasos y elementos ácidos o frutales.
Los postres con AOVE funcionan especialmente bien cuando se busca un equilibrio entre dulzor, amargor y acidez. Un aceite de Hojiblanca puede realzar un postre cítrico; un Picual temprano puede aportar carácter a un chocolate negro; una Arbequina suave puede integrarse en preparaciones lácteas sin dominar el conjunto.
AOVE en platos salados no mediterráneos
Otra tendencia emergente es el uso del AOVE en cocinas asiáticas y latinoamericanas. En Japón, algunos chefs lo utilizan para terminar sashimis o ensaladas de algas, aprovechando su capacidad para potenciar umami. En México, se está incorporando en salsas verdes y ceviches, donde aporta brillo y una capa aromática vegetal que complementa el picante. En la cocina nórdica, el AOVE temprano se emplea para equilibrar fermentados y encurtidos.
Un ingrediente que invita a pensar fuera del mapa
El AOVE está dejando de ser un producto asociado exclusivamente a la tradición mediterránea para convertirse en un catalizador creativo. Su versatilidad, su complejidad aromática y su capacidad para transformar texturas lo sitúan en el centro de una revolución gastronómica que apenas está comenzando.



